miércoles, 31 de octubre de 2012

La semilla del diablo. Ira Levin


Reseña dentro de la iniciativa de Inés y sus libros... ya que hoy es Halloween.

Intriga, misterio, suspense... y mucho terror, es lo que tiene esta obra. Lenguaje aparentemente sencillo, se desarrolla casi todo en una casa, la casa de Rosemary, y hay pocos protagonistas, pero... madre mía!! Estás todo el tiempo en vilo, te metes en la piel de la pobre Rosemary hasta el final, y más si eres madre.

Recién casada, se mudan a un edificio famoso, grande, imponente, pero en el que ha habido desapariciones y muertes misteriosas, a las que, evidentemente, el matrimonio no hace demasiado caso. Cosas de vecinos, cotilleos... pero el piso está muy bien.

Tienen unos vecinos muy amables, mayores, a los que conocen y con los que hacen amistad que, al saber que la chica está embarazada, la ayudan, van a su casa a cuidar de ella, le consiguen cita con su ginecólogo, de los mejores de la ciudad, el cual le lleva el embarazo con visitas semanales, todo el mundo la cuida... ¿dónde está lo raro? Eso es lo bueno... que aparentemente no hay nada raro, todo es tan bonito... Pero en el fondo lo hay, y muy poco a poco, con ayuda de unas amigas a las que casi no ve, porque su marido no la deja salir de casa apenas, para que descanse...

Y se acerca el momento del parto, poco a poco. Rosemary tomando medicinas que le dan sus vecinos, recomendadas por el médico... todo el mundo pendiente... y ella "rara", no sabe bién por qué... Y no quiero contar más, es un libro que merece muchísimo la pena.

Yo ya lo había leído, pero hace más de 20 años. Y había visto la película, que realmente no desmerece, pero aún sabiendo el final, no deja de "dar miedo", es intrigante... siempre hay cosas que se olvidan y se ven como nuevas... Un libro antiguo dentro de lo que ahora se lee, pero muy bueno. El lector "ve" lo que no se ve, intenta casi hablar con la pobre protagonista...

Siempre me gustan los libros que no dan todo hecho al lector, que le presuponen con inteligencia para pensar, ver, e incluso anticiparse a lo que ocurre. Evidentemente no es el lector el que se anticipa, es el autor, pero cuando está bien hecho... al lector le parece que es él... y eso me gusta. Me recuerda a los guiñoles para críoe los niños avisan a la protagonista: "no vayas por ahí, que está el malo"... Esta obra es de ese estilo... lo ves, pero no puedes hacer nada...y eso da mayor suspense. Y que conste que yo los libros que tratan de cosas sobrenaturales y demás, suelo evitarlos. Pero si os gusta el tema... no os podéis perder el libro.

Además, el final es bueno, por inesperado, y te deja con ganas de continuar. Adelanto que el libro es corto, y se hace aún más corto, pues tienes suspense en todo momento.

Lo único "malo" que hay que decir se refiere a la traducción del título. El original es "El bebé de Rosemary", genial, no destripa nada. El castellano sí lo hace... con "La semilla del diablo" ya se sabe de qué va...

Conclusión: si queréis una terrorífica noche de Halloween... sentáos con el libro y de un tirón se acaba. O bien... a por la película de Polanski.

jueves, 25 de octubre de 2012

La ciudad de los ojos grises. Félix G. Modroño






Libro que he leído por la lectura conjunta de Tatty, del Universo de los libros.

La lectura ha sido bastante ágil. Alfredo Gastiasoro vuelve a Bilbao, su ciudad de origen, al enterarse de la muerte de su antiguo amor, Izarbe, que llegó a ser la esposa de su hermano, por causas que iremos conociendo a lo largo de la novela. Se encuentra la ciudad diferente, y encuentra a un amigo policía, con el que irá investigando la posible causa de la muerte de Izarbe, pues ambos sospechan que no se ahogó de forma "natural".

Alfredo llega a Bilbao desde París, donde reside. La descripción del París de principios del siglo XX y sus personajes célebres es muy buena, hace que el lector se vea allí, con Gaugin, Picasso...  Alfredo es allí profesor de arquitectura, y se codea con artistas de todo tipo. Vemos de este modo con Alfredo cómo París siempre ha sido un centro del arte.

Lo mismo ocurre con el Bilbao de la época. Asistimos a la revolución industrial en Bilbao, a su política, a su sociedad... de la mano de los recuerdos de Alfredo. La novela tiene por tanto parte de histórica, pero también de intriga, o novela negra, pues está presente todo el tiempo la investigación sobre la muerte de Izarbe. Y su trama de amor, por supuesto. De hecho, la trama realmente sobre lo que gira es sobre Alfredo, sus sentimientos, su relación desde niño con Izarbe, con su hermano, con Bilbao...

No conozco Bilbao, pero puedo decir que el libro está perfectamente ambientado allí, y uno se ve recorriendo sus calles a finales del siglo XIX, principios del XX.  Estaba dividida por la ría, en barrios elegantes y barrios obreros, pero poco a poco va sufriendo una profunda transformación hasta llegar a ser una ciudad muy influyente en Europa. Se nota que el autor es de allí, y se nota que le encanta su tierra, y eso se transmite. No hay nada mejor que a uno le guste sobre lo que escribe para transmitir sentimientos al lector.

No resulta tediosa casi nunca (a veces me sobraban descripciones, sobre todo de acontecimientos políticos de la época, pero reconozco que no es que realmente sobren, es mi opinión personal). El lenguaje es directo, sencillo pero elaborado, me ha gustado. Y me ha gustado ver algunas palabras en vascuence, idioma que no hablo... pero como son palabras que alguna vez casi todo el mundo ha oído, no sólo no importa, sino que hace que el lector se integre más.

Los personajes son muy buenos, realmente logrados, tanto Alfredo, el protagonista absoluto, como Izarbe, protagonista ya fallecida, y los secundarios, el hermano de Alfredo, el policía amigo de Alfredo... sin los cuales la novela habría perdido mucho. Cada personaje tiene su detalle, sus virtudes y defectos, lo que les hace absolutamente creíbles y cercanos. Son personajes con los que puedes encariñarte con facilidad.

El final es sorprendente y te deja con la sensación de que has terminado de leer una de esas novelas que más se recuerdan después. Por tanto, obra recomendable, desde luego. Y después de una novela en tercera persona, termina con un epílogo en primera persona, por Alfredo, que aporta aún más a la historia, por si algo había quedado "cojo"

miércoles, 17 de octubre de 2012

La abuela Lola. Cecilia Samartín


Me da un poco de cosa la reseña que voy a hacer, pero... es como lo he visto, no me matéis mucho.

Después de oír hablar del libro por tantos blogs, le hice un hueco. Y sí, está bien, pero me ha dejado... incómoda, no era lo que esperaba. Me ha gustado, pero no es de esos libros que me han enganchado del todo.
El realismo mágico de la literatura hispanamericana no me ha gustado como me gustaba con Isabel Allende, por poner un ejemplo. Aquí no lo he visto creíble, al menos para mí.

El final se alarga, y se alarga.... y cuando se termina vienen unas recetas que no he podido leer... me hartan esas comidas, desde luego, no me incitan a probarlas... me dan la sensación de grasa con grasa y más grasa...

Sebastián tiene nueve años, y una enfermedad del corazón que le impide correr como los demás niños. La persona que más le entiende es su abuela Lola, la cual, a raíz de un percance que tiene en su casa, decide cambiar, y dedicarse de nuevo a una de las cosas que más le gusta: cocinar las comidas típicas tropicales de cuando era joven. Involucra en ello a Sebastián, y termina uniendo de nuevo a la familia a su alrededor, y alrededor de dichas comidas. Vamos viendo la evolución de Sebastián, sus amigos, su familia, sus relaciones en el colegio, sus padres, su hermana mayor...

Pero ni el niño, demasiado bueno, ni la abuela, que de las comidas no saca más que eso... comidas, me han hecho identificarme con ellos. Ni el resto de personajes del libro, que están bastante bien descritos, no se lo quito. Ahora, para mí, no pasa de eso: descripción. No me veo allí; es más... no querría verme allí, y eso no es bueno. Se describe el mundo de un niño y su familia, se describe hasta la saciedad la cocina de la abuela (me refiero a la habitación de la casa), ingredientes y recetas de ciertas comidas típicas tropicales, se describen unas relaciones entre gente que, si bien al principio son factibles, y creíbles, según evolucionan se hacen más "noveladas". Sin querer destripar nada, es que no me cuela ni siquiera la evolución de los niños del colegio....

Lo más creíble, desde mi punto de vista, son las discusiones y problemas entre los diferentes miembros de la familia. El padre de Sebastián, el tío, hermano de su madre... Pero eso de que todo el mundo, sin excepción, resulte tan bueno, al final empalaga.

El lenguaje es claro y sencillo, eso sí, bastante directo. Pero tampoco me he metido en América, es como si la acción transcurriera en un lugar... ajeno a todo. Sólo se "ve" el colegio del crío y la casa de la abuela, que no tengo claro si está en una urbanización tipo residencia de ancianos... o algo así.

Quizá mi fallo fue esperar algo más, al leer por algún lado que trataba de cómo la cocina une a la familia de Sebastián... Pero es que es tal cual eso: les une la comida, y vamos... que yo por comer un plato no vuelvo a hablar tan campante a alguien con quien no me hablo hace años. Otra cosa sería si con la comida se recuerdan situaciones, se rememora gente dejada atrás, se siente... pero vaya, que eso habría sido otra novela, no lo que es.

En fin, que queriendo recordar a Isabel Allende, o a Laura Esquivel, a mí me ha hecho que la vea como algo... un poco peor. SIn quitarle su punto de originalidad, y el hecho de que, al ser la historia de un niño enfermo, algo más engancha que si el protagonista fuera un adulto. A mí me pasa, las historias con y de niños me enganchan más. Pero como de ésta esperaba mucho (todas las reseñas que he leído son absolutamente positivas, casi me de vergüenza decir estas cosas), me he quedado algo vacía.

domingo, 7 de octubre de 2012

No todos moriréis. Antonio Jareño




El autor me mandó la novela, y siempre (aunque tarde un poco… porque llevo un tiempo que estoy hasta el cuello de cosas) la reseño tras leerla.

Bien, aunque es un tema que, en principio, no sería de los míos (inmortalidad, religión…), me alegro muchísimo de haberla leído, me ha encantado.

En una sucursal de un banco de un pueblo de Murcia se graba con la cámara de seguridad un apuñalamiento algo extraño. Dos amigos, empleados del banco, intentan seguir la pista para averiguar algo, y uno de ellos es asesinado.
Por otra parte, un sacerdote en crisis descubre una carta de otro sacerdote escrita hace un siglo, que le lleva también a la investigación. Ambas investigaciones se cruzan y… Os recomiendo seguir leyendo por vuestra cuenta, merece mucho la pena.

Novela de intriga, misterio, acción… como se quiera llamar. Los personajes están perfectamente descritos y detallados, te identificas en seguida con ellos, los quieres, les entiendes, estás en contra… Política, millonarios, movimientos de gente que podríamos ser nosotros… todo ello hace que te integres en la acción de la obra y que estés deseando saber qué pasa a continuación.

El tema está perfectamente delimitado, y hay varios subtemas. No te deja descansar, y hay que seguirlos todos con cuidado… para que no se te escape ninguno. Pero no por ello es complicada de leer, ni mucho menos; simplemente te deja intrigado e intentando enlazar temas, cosa que a mí me gusta… dejar que el lector, si quiere, piense. Muy bien conjugados dichos temas e hilados entre ellos, no se escapa nada al final, ni en medio tampoco, claro. Está perfectamente orquestado en su conjunto.

Está mezclada con facilidad la ciencia, las obras de un premio Nobel, y la fe en la religión católica, incluyendo la inmortalidad y las indecisiones que podemos tener sobre dichos temas. Tan bien, que siempre hay alguien o algo con lo que identificarse. No peca ni de irse hacia “un lado” ni de irse hacia el “otro lado”.

La acción no para en ningún momento. Crees que ha terminado un episodio y enseguida se junta con otro, y otro más. De esas novelas que tienes que seguir leyendo.

Lenguaje sencillo pero sin decaer en ningún momento, adecuado para la obra. Es directo y ágil, lo necesario para una novela de intriga y acción.

Resumen: altamente recomendable, para pasar un buen rato… y leer casi seguida, claro.

Por si os interesa. y a un precio absolutamente asequible (1,51 euros):

http://www.amazon.es/No-todos-morir%C3%A9is-ebook/dp/B008MQNXJ4

lunes, 24 de septiembre de 2012

Las horas oscuras. Juan Francisco Ferrándiz




















De los pocos libros que he podido leer últimamente, ya que desde que ha empezado el curso me he quedado sin tiempo: trabajo, clases particulares, traducción de libros, mi hija... y estoy que no paro.
Esta novela ha sido una lectura conjunta, de Carmen (y amigos), entre otros, y no podía dejarla.

Ambientado en la Irlanda medieval, año 997, casi fin del milenio con los miedos que eso conllevaba. Un monje, Brian de Liébana decide restaurar un antiguo monasterio benedictino allí, y ubicar en él una biblioteca con todo el saber que se hubiera podido salvar y al pudieran tener acceso. Pero hay otros grupos en contra de guardar dicho saber, y que lo quieren para sus oscuros planes... a la vez que existen allí en Irlanda aún los druidas, que siguen el saber popular y legendario. Mezcla de religiones y afanes ocultos, de moralidades y mitos, personajes muy bien delimitados y descritos.

Tengo que reconocer que me costó meterme en el argumento, que se me hacía pesada... y que si no hubiera sido porque era una lectura conjunta, a lo mejor la habría dejado sin terminar, lo que habría sido una pena, una vez terminada. Pero no acababa de ver a dónde se quería llegar....

El caso es que, poco a poco me fui metiendo en el argumento, y he de decir que la segunda mitad de la novela gana muchísimo, pues todo se va aclarando, y se deja ver aún más la profunda documentación que ha tenido que hacer el autor para situar una novela de intriga en la época comentada. Porque, aunque hay amor, como en casi toda novela, yo clasifico a ésta de novela histórica de intriga.

El lenguaje tiende a intentar imitar al de la época, pero sin ser cargante. Es decir, fácilmente comprensible en la actualidad, pero un poco arcaico, lo que ayuda a meterse en el lugar y tiempo adecuados.

Hay bastantes personajes bien definidos, no sólo los dos protagonistas, Brian y Dana, una mujer que ha vivido en la zona pasando penalidades, y a la que Brian rescata para tomarla bajo su tutela... y de la que se va enamorando, claro. Además destacan por su personalidad algunos monjes (Michel, entre ellos, el mayor de la comunidad, con un pasado a esclarecer), el rey Cormac, déspota y egoísta, el obispo Morann, a veces de parte del rey, a veces de parte de Brian. Y Vlad Radú, personaje cuya meta es destruir el monasterio, el saber que cobija, y a Brian de Liébana.

La novela es una lucha entre el bien y el mal, entre el saber y la defensa del conocimiento y las "horas oscuras", entre Brian y Vlad.

He echado en falta profundizar más en la historia y costumbres de los druidas, por ejemplo. Pero me ha gustado lo poco que se dice de los copistas de libros (poco para lo que me habría gustado), cosa que hacían los monjes al ser casi los únicos de la sociedad que sabían leer y escribir.

Resumiendo, es una novela bastante recomendable, pues se le puede perdonar la lentitud del principio, y las largas descripciones, a cambio del ritmo más ágil que le sucede. Y nos mete de lleno en las costumbres y tradiciones antiguas de una zona de Europa que alguno puede que no conozca en profundidad. Al que le gusten las novelas históricas y de intriga, se la recomiendo desde ya.



lunes, 10 de septiembre de 2012

50 sombras más oscuras y 50 sombras liberadas. E.L. James



Voy a hacer juntas estas dos reseñas porque me temo que no tengo mucho que decir de cada libro por separado. Los he leído más que nada por cabezonería, por no dejar sin terminar una trilogía...

El primer libro me gustó, el segundo me entretuvo, el tercero se me hizo bastante pesado. Las segundas partes nunca fueron buenas, y las terceras a veces deberían omitirse.

En el segundo libro vemos a una Ana un poco más normal y menos sumisa, frente a un Christian menos dominante e intentando hacer esfuerzos por hacer lo que a Ana le gusta. Los dos sumamente enamorados... El control de Christian sigue ahí y, aunque Ana se lo reprocha mucho, en el fondo le gusta. Y en el tercer libro vemos a los dos realmente cambiados... sin pizca de interés. Tanto que la autora mete en medio una historia de ¿intriga? para llenar el hueco.

Las escenas de sexo son cada vez menos eróticas, desde luego nada porno, y llegando en el tercer libro a hacerse tan repetitivas que cansan, y mucho. Los pocos misterios que podía tener la vida de Christian se van solucionando, con soluciones que a mí, personalmente, me parece que dejan mucho que desear. Tener tales traumas por esas cosas me parece exagerado, aunque le doy a la autora ahí el beneficio de la duda. Puede que para alguien sí supongan traumas tan horrendos...

No acabo de comprender, y quizá eso sea cosa mía, una relación en la que en cuanto se habla o se empieza a hablar de otra cosa diferente al sexo... se corte y se pongan a hacer sexo. Siempre. No es una relación basada en el sexo, es una relación únicamente de sexo. Muy enamorados, pero no comprendo la profundidad de una relación así. Quizá por eso los libros ya no me han gustado, esperaba algo más, aunque fuera un poco más. Y si encima ya ni morbo... ¿qué queda?

El lenguaje es de lo más normal, sencillito, plano. Los diálogos se limitan básicamente a lo que he dicho, y casi Ana habla más consigo misma que con su pareja....

El final del tercer libro, para mí de nuevo, no pega ni con cola con la historia que se ha venido tratando. Se ha querido buscar un final a algo que no lo tenía. Y se ha hecho un pegote detrás de otro. Vamos, que a mí no me ha colado.

Por lo demás, no puedo quitarle el mérito de conseguir hacer tres novelas largas de tan poco argumento. Con la primera y poco más, había finalizado la historia estupendamente. El querer alargarlo ha sido un error, porque no había bastante tema, y las escenas se vuelven repetitivas, los diálogos se repiten directamente, las expresiones, los mails...

Aunque aparecen personajes secundarios también, no se les da, a ninguno, una importancia como para fijarse en ellos y tener al menos otro foco de interés. Y creo que se podría haber sacado más jugo de la historia anterior de Christian, de su madre, de su madre adoptiva, los amigos de Ana.... pero se quedan en meros personajes accesorios.

Para concluir (ya digo que es una reseña de la que sacar poco jugo), mostrar mi desacuerdo en dar tanto bombo a estos tres libros y dejar sin editorial a algunos autores noveles realmente buenos. La publicidad no lo es todo, pero sí es una parte fundamental en la difusión de una obra. Y los editores deberían tener algo más de criterio muchas veces.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Noche de terror Halloween: Inés y sus libros

¡¡A ver quién se atreve!!

Inés nos propone para el día (mejor dicho, la noche) de Halloween hacer una reseña de un libro de terror.

Y evidentemente, yo me apunto. Leeré y reseñaré "La semilla del diablo", de Ira Levin, bien conocido.

¿Os apuntaís? Venga, pinchad el banner.....

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El caso Guli. Rudy Spillman



La leí este verano, y no me duró nada. O sea, que hasta que no la terminé no pude parar.

Al empezar, crees que es la típica novela policiaca o negra, pero.... no, no lo es; al menos no es la típica. Vas descubriendo, y no quieres descubrir. Y ni siquiera tiene el ritmo de una novela; es como un artículo periodístico, pero con capítulos, algo raro realmente. Pero absolutamente interesante.

Guli es un niño de unos seis años que llega a Londres como polizón en un barco, y le llevan a un famoso orfanato londinense. Se ve que ha pasado traumas, porque apenas habla. La asistente social es la persona con la que más se relaciona. Al final, un matrimonio de los que quieren adoptar un niño se interesa por él. Y hay otro matrimonio que también está esperando una adopción. Guli acaba por encariñarse con uno de los matrimonios, y se lo dan en adopción, con sumos cuidados y seguimientos. El niño, al mes de estar con su nueva familia, ha de ver un acto horroroso, y queda más marcado... Su familia es brutalmente asesinada y a él lo encuentran acurrucado temblando en un rincón. Al parecer lo ha visto todo. Habrá que seguir la evolución del asesino y del niño.

Ojo con las descripciones de los escenarios del crimen, son demasiado realistas y macabras. Claro, ha de ser así, pero lo aviso por los posibles lectores demasiado sensibles.

El inspector Quigley, de Scotland Yard, es el encargado del caso, y es un personaje perfectamente descrito y real. Vamos viendo como toda persona tiene su parte buena y su parte mala, que no todo es como debería ser, que el caso se va haciendo más complicado de lo que parecía al principio, y ya era difícil.....

Ya he comentado que no está escrito como la típica novela. Parece que vas por un camino... y no, te chocas con algo. Y cuando crees que te vas a encontrar ya, tampoco. Lo bueno es que además se lee rápido, justo por esos vaivenes no puedes dejar de leer, necesitas saber más. Está lleno de acción, pero también de psicología, y aunque pueda parecer lioso no lo es, son sólo sensaciones.

Además, no se descubre nada casi hasta el final del libro, el inspector avanza pero despacio, incluso sigue con el caso por su cuenta cuando parece haberse atascado.

Una pega es la traducción, que no sé si será mi edición, pero muy sudamericano el lenguaje, con expresiones raras....

Sin ser una maravilla, a mí me ha gustado y me ha parecido interesante, es recomendable para pasar un rato en tensión... pero entretenido.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Hay mucha gente por aquí que lee en otros idiomas

Es curioso, la mayoría, o lee frecuentemente en otros idiomas, o nunca. Lo que menos ha salido es "alguna vez", "casi nunca"... Hemos sido más radicales, o sí o no.

Yo sí, leo en inglés. Hay libros que no se encuentran en castellano, y traduzco del ingles, de modo que me viene bien.

¿Y vosotros?

Generalmente sí
  7 (29%)
 
A veces
  6 (25%)
 
Casi nunca
  3 (12%)
 
Nunca
  8 (33%)

viernes, 31 de agosto de 2012

Pretérito imperfecto. Mercedes Pinto


La novela la vi en el blog de Mercedes, la empecé a leer en Amazon, y la compré.

Habiendo leído otras dos novelas de Mercedes, tengo que decir que esta la he visto diferente. Me explico, transcurre ahora, en el tiempo actual. Su estilo es distinto o al menos yo lo veo así: más directo, más "del día a día"; como el tiempo y el argumento exigen. Y... ¿cómo consigue (cosa que ya he dicho en otra reseña, lo sé) crear el ambiente, los escenarios y la empatía con los personajes casi sin describir? Pues hace hablar a los personajes, los hace moverse en lugares, sentir... y con eso basta para meterte en ellos. No hace falta una descripción farragosa de esas que te dan ganas de saltar unas páginas, tampoco descripciones psicológicas. Las personas se ven y se conocen por sus actos, y eso es lo que hace Mercedes en sus novelas: les hace actuar, hablar entre ellos... y ya los conocemos. Genial.

Otro punto fuerte: no tenemos personajes "buenos" ni "malos". Hombre, el lector siempre se identifica más con unos que con otros, como en la vida real. Pero los "buenos" tienen también sus cosas malas, y al revés. Lo dicho, como el mundo real. A mí es lo que me gusta de una novela, ver la realidad, poder identificarme o no con los personajes, sentirlos, conocerlos... El realismo de Mercedes en sus novelas es de los mejores que he leído. Y he leído mucho.

La protagonista, Estela, vive con sus dos hijos, de dos matrimonios diferentes. Lleva una tienda de instrumentos musicales, y su vida es caótica, desordenada: llega tarde a todas partes, no conserva una relación sentimental, su hijo mayor le desborda... y lo mejor que tiene es su hija pequeña. También tiene una hermana, y se va viendo la relación entre las dos, con sus padre, con sus abuelos... que tienen su protagonismo en la novela. Todo personaje que aparece en las novelas de Mercedes es protagonista al menos de un trocito, ninguno aparece y desaparece... lo ves y lo sientes también, tiene su función. El personaje del abuelo, por ejemplo, es genial: bueno, no tan bueno... humano. Y aparece un comprador en la tienda de Estela... que se queda prendado de ella, y ella de él. El resto tenéis que leerlo, y lo haréis en poco tiempo, la novela no puede dejarse hasta terminarla.

Por otro lado, además de la historia de la vida de Estela, y su historia amorosa, está la historia de su hermana, y un asunto antiguo, de cuando ambas eran pequeñas, que aún no han terminado de asumir. La verdad es que hasta el final hay intriga. Y es una intriga light... A ver si me explico: la intriga que puede haber en una vida con algo no del todo asumido; no te impide vivir, no te impide hacer nada, pero está ahí... Y es lo que el lector siente, justamente eso que no sé si explico bien. Algo que necesitaría terminarse pero que, si como hasta ahora no se ha terminado, pues bueno, continuamos viviendo. No puedo contar más, hay que leerlo.

El estilo, pues es elaborado, aunque de lenguaje sencillo. Va alternando capítulos de la infancia de la protagonista con capítulos de la actualidad, y podemos con ello ir viendo la evolución psicológica, los porqués... Pero sin decírselo al lector. Me explico: el lector dará con el el porqué, pero no se le dice... simplemente se narran hechos, cada cual los verá a su modo. Mercedes te hace pensar, sin darte cuenta, porque no son libros "profundos", para nada, pero tienen su "aquél", jeje.

Por ejemplo, decir que los abuelos son muy importantes en la vida de los niños, no educan como los padres, no sienten como los padres. Y los niños, muchas veces no se dan cuenta de todo eso hasta que son mayores, como es bastante normal. Mercedes nos mete en el personaje de Estela niña de modo que nos vemos a nosotros de pequeños, los problemas de un niño los sentimos de nuevo como ellos. Sus afanes, sus miedos y sus alegrías.

Y poco más puedo decir, sólo que recomiendo la novela, evidentemente. Lectura rápida, entretenida y muy buena. Enhorabuena de nuevo, Mercedes.







miércoles, 29 de agosto de 2012

Premio que me ha dado Silvia, de la Vieja Encina

Pues eso, me ha dado un premio, mil gracias, Silvia!!



Se trata de:

- Decir 11 cosas sobre ti. - Contestar a las preguntas de quién te ha nominado. - Elegir 11 personas y nominarlas en la entrada. - Realizar 11 preguntas a tus nominados. - Seguir a quién te ha nominado y visitar a 3 de tus nominados.

Y voy a ello:
11 cosas sobre mí

1.- Soy noctámbula, me activo después de cenar. La pena es que tengo que madrugar.....

2.- Tengo en casa más de 5000 libros, ya no sé dónde meterlos, agradezco la invención del ebook.

3.- Soy muy charlatana, me encanta hablar, jejeje. Y tengo muchas amigas hechas por internet, en foros y demás. Pero luego me gusta conocerlas en persona.

4.- Este blog lo empecé por una amiga que me dijo que compartiera mis "conocimientos" sobre literatura y sobre la cantidad de libros que leía. Fue un día que íbamos varias a comprar libros y yo estaba venga a aconsejar a cada una según sus gustos, los libros que les irían bien.

5.- Trabajo mis 8 horas fuera de casa cada día, doy clases de mates a amigas de mi hija por las tardes, y de inglés a veces, y por las noches, despacito, traduzco libros del inglés para una editorial de literatura fantástica. Los sábados por la mañana llevo a mi hija a clase de violín y los domingos a los ensayos de una orquesta. De modo que descanso poco, pero me gusta, si no fuera porque cansa....

6.- Me encanta el café y unas cañitas con unas bravas antes que un dulce. Soy más de salado.

7.- Soy muy desordenada, sin remedio, pero dentro del desorden encuentro todo. Es mi desorden, no me gusta que me lo alboroten para ordenar, jejeje.

8.- Cuando tengo un hueco, me voy a Barcelona a ver a una de mis mejores amigas. O que vengan a casa.

9.- Colecciono dedales. Empecé la colección cuando hacía mucho punto de cruz, pero la sigo haciendo.

10.- El momento del día que más me gusta es cuando cenamos mi hija y yo viendo alguna peli, y luego me relajo leyendo o algo así.

11.- Mi vicio... fumo. Ahora tabaco de liar, pero fumo mucho. Y lo peor es que no tengo ganas de dejarlo.

Contesto a las preguntas que me hizo Vieja Encina:
1. - ¿Con qué escritor te gustaría tener una charla ? Hay muchos, pero con Stephen King, para hablar sobre todo de su libro "Mientras escribes"


2. - ¿Con que escritora te gustaría tener una charla? Con Mercedes Salisachs. Me maravilla que con más de 90 años siga escribiendo... y tan bien.

3. ¿Te leían cuentos cuando eras pequeño/a? Sí, y no sólo me los leían, mi madre cada noche se inventaba uno. Me encantaban los que se inventaba sobre inventos de cosas, jejeje.

4. -¿Si pudieras ser el protagonista de una novela real o ficticia, quien serias? Uffff, pues n i idea. Concretamente no sabría decirte. En abstracto, esas mujeres que intentan y logran hacer cosas más avanzadas a su tiempo.

5. - ¿Tu libro favorito? Hay muchos, pero por ejemplo "Donde el corazón te lleve", de Susanna Tamaro.

6. - ¿El peor que has leído? Mira, no sé, porque si uno no me gusta, hace mucho que ya lo dejo y cojo otro.

7. -  Cuéntanos tus aficiones. Jejejeje, mil y una. Lo malo es el tiempo, no lo tengo. Pero me encanta leer, escribir, la música clásica, el piano, charlar con amigos, un mini maceto huerto que he empezado a hacer, el punto de cruz, las manualidades, los idiomas, viajar con mi hija, los dedales, la fotografía, las matemáticas... ¿sigo?

8. - ¿Qué es lo que más odias ? La mentira y la traición.

9. - ¿Qué cualidad humana aprecias? La bondad. Algo que todo el mundo tiene y poca gente utiliza

10. -¿ Qué te gusta del lugar donde vives? La tranquilidad y que mi hija pueda salir por ahí sin miedo. Es un pueblo de Madrid al que me vine harta de la capital.

11. -¿Qué otro lugar te gustaría conocer? Muchos, todos los que no conozco. Por ejemplo, Egipto.


11 nominados por mí: (Sin compromiso lo de copiarlo en el blog....)

Mi ahijada, Manuela de Papeles que fueron vidas

Inés, de Inés y sus libros

Lupa, de Acurrucada entre letras

Koncha de Desde Vallekas

Tatty, de El Universo de los libros

Margari, de Mis lecturas y más cositas

Pakiko, de Las lecturas de Pakiko

Rebeca de Winter, de Negro sobre blanco

Marilú, de Marilú cuentalibros

Mientrasleo de Entre montones de libros

Y se lo devuelvo a Silvia, de La Vieja Encina, jeje


Mis preguntas para ellos, el que quiera contestarlas.

1.- ¿Tienes un momento del día preferido para leer?
2:- Cuéntanos más hobbies, aparte de leer.
3.- Un libro que siempre recomiendas
4.- Cuenta algo sobre un día normal para ti.
5.- ¿Usas ebook? ¿Piensas usarlo?
6.- Estilo de novelas que prefieres, y el que no te gusta
7.- Tipo de música que te gusta
8.- ¿Playa o montaña?
9.- Cuánto tiempo usas internet por día?
10.- ¿Cuántos libros tienes en casa?
11.- ¿Dónde te apetecería viajar?

lunes, 27 de agosto de 2012

Paso de ahijada a madrina

Pues eso. Como tengo ya más de 100 seguidores (por cierto, mil gracias!! ), se lo tengo que agradecer sobre todo a mi madrina, que ha sido Reseñando que es gerundio.

Y ahora, doy la bienvenida a mi ahijada:   ¡Manuela, de Papeles que fueron vidas!

Os recomiendo que déis una vuelta por su blog, y os hagáis seguidores; merece la pena. :)

Violetas para Olivia. Julia Montejo


No había leído nada de esta autora, ni me la habían recomendado. Fue la sinopsis del argumento lo que me llevó a hacerme con el libro.

No es una novela muy larga. La verdad es que empecé a leerla sin ánimo de terminarla en ese momento, como por echar un ojo, y ya me quedé leyéndola. Es entretenida, con su punto de intriga. Una pequeña saga familiar, pequeña por la longitud de la obra, aunque pasa por varias generaciones de la familia de la protagonista.

Madelaine es una joven que vuelve al hogar familiar a la muerte de una de sus tías, para hacerse cargo de la herencia. Clara, su otra tía, aún vive, pero quiere legarle todo debido a su avanzada edad. Madelaine nunca se ha llevado bien con Clara, al contrario que con Rosario, la ahora fallecida. Vivió con ellas en la casa palacio familiar desde que era una niña hasta que empezó a estudiar en la universidad, ya que sus padres murieron muy pronto, y en circunstancias algo confusas.

La autora va alternando capítulos de la actualidad con capítulos de fechas anteriores, encabezados por la fecha en la que suceden, donde podemos ir descubriendo los misterios, amores, odios y demás de la familia de Madelaine: su madre, muerta cuando ella era pequeña, su abuela Olivia, de la que nadie parece querer hablar, su padre, una persona que no encajaba en su mundo, sus tías Clara y Rosario, absolutamente diferentes entre sí....

Aparecen personajes secundarios muy bien descritos y que toman también bastante protagonismo, puesto que en esta obra nada es accesorio: el fiscalista al que contraran para arreglar las cuantas de la familia, un antiguo novio de Madelaine que reaparece... El ambiente, además de los personajes, está muy bien logrado, uno se ve dentro de esas mansiones y haciendas antiguos.

Es una novela romántica, con mucho de intriga y de esos deseos de descubrir nuestro pasado que, a veces tapamos por no saber si lo que descubramos nos gustará. El final de la obra me ha gustado, está bien llevado, ni falta ni sobra nada, aunque a veces parezca que vaya a faltar.

Realmente está bien logrado el misterio: nada se sabe antes de tiempo y nada queda colgado, al final todo cuadra, con la gran dificultad que eso conlleva cuando estamos hablando de varias generaciones de una familia, y todas ellas tan diferentes.

Lenguaje claro y directo. A veces intimista y siempre realista. Madelaine se encuentra en un dilema: ella es una joven actual, médico. Pero su familia han sido los caziques de un pueblecito de Andalucía, cosa que su tía Clara quiere continuar. Ella se encuentra con la duda de qué hacer: dejarlo todo y dedicarse a su profesión o aceptar y dirigir la herencia de unas fincas, terrenos y posesiones de los que nada sabe. Y a veces parece estar influída por sus antepasados, lo siente así, como si estuvieran dentro de ella. Este tema, aún cuando tiene algo de "magia", está bien llevado, lo aceptas como un sentimiento hasta normal. Es el llamado realismo mágico, y cuando el autor es bueno, se acepta como un hecho lógico. Es el caso.

Evidentemente, también hay historias de amor, de todas las protagonistas, las cuales se entrecruzan de manera muy hábil en el argumento.

Conclusión: novela muy recomendable, que se lee rápido y engancha.

jueves, 23 de agosto de 2012

Curiosidades: el escritor más prolífico del mundo

Es un brasileño de origen japonés, que a sus 65 años ha escrito ya más de 1100 novelas (y ahora seguro que ya lleva más de 1200, al ritmo que va).



Ha utilizado más de 40 seudónimos, por petición de su editorial, porque hubo un momento en el que en Brasil, más del 95% de los libros de bolsillo a la venta eran suyos.

Ahora publica 6 trabajos al mes, pero ha llegado a escribir 3 novelas de amor en un día.

Estudió medicina, y se doctoró como especialista en cirugía de tórax, pero lo dejó por su gran afición: ser escritor.

Según su dictamen, el secreto de dicho proceso creativo reside en un 98% de sudor, un 1% de talento y un 1% de suerte.

Da unos consejos:

1. Escribe con la primera inspiración que te llegue. Luego ya te preocuparás de lo que viene después. Abandona totalmente la inercia.

2. Alterna varios proyectos a la vez.

3. Cuando surja un problema en una historia, destruye todo lo que se cruce en tu camino. Asesina a los personajes o haz volar los edificios, cualquier cosa con tal de seguir trabajando.

El género que más le gusta es el policiaco, pero ha tocado un poco de todo: del oeste, espías, amor....

De modo que ya sabéis... ¡a escribir!

miércoles, 22 de agosto de 2012

Muerte sin resurrección. Roberto Martínez Guzmán


Esta novela me la ha mandado su autor en formato electrónico, para que la reseñe. Parece ser que en Amazon hay unas cuantas opiniones que la ponen de vuelta y media. Hombre, yo no lo veo así. Ya me gustaría ver a los autores de dichas opiniones publicando sus novelas.... Pero vamos al grano.

Empezaré por decir que me ha gustado. Me ha parecido entretenida, muy bien urdida y llevada, dentro de toda su complicación. Porque la trama es simple, pero los motivos (ocultos, claro) y la resolución tienen su complicación. Y aún así lo ha sabido explicar bien, llevar bien y mete al lector dentro, aunque, curiosamente y al menos yo, sin encariñarse con nadie. Igual es que no hay que encariñarse con nadie, pero lo he leído bastante "desde fuera". Así y todo, engancha, eso es cierto, y hasta que no ves cómo lo resuelve, no paras.

Es, como podréis ya suponer, una novela policiaca. En Ourense, ciudad bastante tranquila, comienzan a suceder una serie de asesinatos de gente joven aparentemente sin conexión entre ellos. Pero lo curioso del caso es que en cada escena del crimen aparece una pelota de golf, lo cual los conecta. La policía comienza a investigar en las vidas de las víctimas, en sus posibles relaciones y, aunque en ocasiones me ha parecido que dicha policía sabía más de lo que en ese momento tenía que saber, en general siguiendo un orden lógico comienzan a atar cabos. Comienza la carrera para evitar que se sucedan más asesinatos.

Es una novela corta, con lenguaje sencillo y directo. Algunas faltas, que supongo que serán erratas, pero que no impiden en ningún momento la lectura

Lo que más me ha llamado la atención es, como ya he apuntado, la complicación de la idea. Los diferentes métodos elegidos para asesinar, la manera de enlazar unos y otros, cada uno con el siguiente, y con los demás... la sencillez que parece haber detrás, pero la complicación que todo ello conlleva. Creo que se podría haber adentrado más en la vida personal de la policía Eva, porque así la gente se sentiría más cerca de alguien, pero bueno, el autor lo ha preferido así.

A la asesina, porque es una mujer, se la empieza a conocer desde el primer capítulo, aunque tampoco se adentra demasiado en su vida. Supongo que aquí es por no dar pistas. Pero no conocemos los motivos de los asesinatos, por lo que la intriga está ahí desde el principio.

Es recomendable, pasas un buen rato y engancha. Además, se lee en poco tiempo, ya he dicho que es corta.

domingo, 19 de agosto de 2012

Josué el errante. Mercedes Pinto

Josué el errante

Esta novela me tocó en el sorteo que hizo Acurrucada entre letras, y la autora muy amablemente me la envió, dedicada, cosa que me hizo muchísima ilusión. 

Y me puse con ella, y sin apenas tiempo, no podía dejarla, vaya. De modo que sigo sin entender, para nada, cómo esta autora no tiene editorial. Con la de libros que se publican en España, que no valen nada (a mi humilde entender, de lectora empedernida desde la más tierna infancia, familia de lectores....), y los libros de esta chica esperando. En fin... sólo puedo aportar mi granito de arena para que, si alguna editorial inteligente lo lee, esté atenta.

Y voy al grano. Por falta de tiempo, apenas sabía siquiera de qué trataba el libro cuando me puse con él. Y me encontré con un repaso histórico de casi todo el siglo XX, en varias culturas, nada menos. Alemania (he echado de menos más dedicación a ella, pero es que me interesa mucho la segunda guerra mundial), Londres, África del Sudoeste, Madrid de la postguerra, Granada... Y una mezcla apasionante de religiones, sus principios, sus similitudes, sus diferencias...vamos, un trabajo de documentación excepcional y como ya había sentido con su otra novela, 'Maldita', una ambientación absolutamente real. Estás en cada lugar, te ves allí junto con los personajes. Es una escritora que ambienta de modo excepcional, cosa que yo veo bastante complicada. Y sin largas ni aburridas descripciones, para nada. No sé, con pocos datos y diálogo, te ves allí.

De hecho, por ejemplo, al final del libro hay un dibujo sobre el lugar donde "vivían" los protagonistas cuando fueron a buscar diamantes en África, y el dibujo era exactamente lo que yo había imaginado. Vamos, que con las descripciones, no me hacía ni falta el dibujo.

Josué es un judío alemán, que se enamora de la hija de su maestro, que es el jefe de su padre en una granja alemana en Essen. Pero el maestro decide casar a su hija con otro judío. Josué, destrozado, decide irse a buscar fortuna en África, buscando diamantes, y así poder ofrecer al padre de su amada algo con que dotarla y poder vivir con ella. Pero la búsqueda se alarga, no es fácil encontrar ya piedras preciosas. Durante el viaje conoce a Carlos, español, que viaja para alejarse de su vida. Este personaje me ha encantado: su alegría, su optimismo, lealtad, simpatía... Ambos, en África conocen también a Kuaima, un esclavo negro que ha huido con su familia y quiere tener dinero para poder comprar tierras para ella. Su amor absoluto hacia los hombres, cuando él y su familia han sido víctimas de brutalidades es un ejemplo para Josué y Carlos. Y para los lectores, pues estos tres personajes, sobre todo (y algunos más, pero cuya aparición es menor), son personas reales. Ninguno es el bueno, y ninguno el malo. Tienen cosas buenas y malas, cometen errores y se desconciertan ante ellos, como cualquier persona, vaya. No me gustan nada los libros con malos y buenos absolutos, no son reales.

La acción, muchos años después, continúa en Madrid, donde acaban viviendo Carlos y Josué, al marcharse de África rendidos y por circunstancias que deberemos averiguar leyendo la novela. 

Y lo mejor de esta autora, a mi modo de ver, es que perfila dichos personajes con pocas pinceladas. No sólo los protagonistas, sino cualquier personaje que aparece en la novela con algo de entidad. Los ves allí, estás con ellos. Ejemplos de esto hay a montones: el guarda del cuchitril donde viven en África, el maestro de Josué, ya nombrado, Juan, un compañero buscador de diamantes....

Otra cosa importantísima de la obra es cómo no se defiende ni se ataca ninguna religión; todas tienen su parte buena, su parte no tan buena, pero lo principal es lo mismo en todas. Lo cual Mercedes detalla adentrándose en el corazón humano desde sus personajes, de modo maravilloso, con todos los defectos de cualquier humano: odio, amor, desprecio.... Nada parece novelado, es como si personas reales estuvieran conversando sobre el interior del alma.

Sobre el lenguaje, es sencillo, directo y muy bien escogido. Se lee rápido. La acción a veces es rápida, a veces no, pero es que la vida, el paso de los años, así lo necesita. Y la acción es la que demanda Josué, el protagonista. De modo que perfecto. Y mira que yo soy crítica....

Conclusión evidente: libro no sólo recomendable, sino imprescindible.

Sólo dos notas más. La primera, aquí lo tenéis en amazon, a un precio de risa. No lo dudéis: http://www.amazon.es/dp/B007BMB5ZY

La otra nota. Leyendo el blog de Mercedes, vi que tiene otra obra, "Pretérito imperfecto". Y cometí el "error" de leer el principio en amazon... Error porque no tuve más remedio que comprarlo, y me pondré pronto con él, claro.

Enhorabuena, Mercedes. Yo no dudo que al final tendrás editorial, y muchísimo éxito. Como el sueño de Josué, pero antes, por supuesto :)

jueves, 16 de agosto de 2012

El guardián de los niños. Johan Theorin



Este es un libro que he leído muy despacio, y no porque no me interesara, es que estaba de viaje y sólo leían un poco antes de dormir... a veces me dormía con el libro abierto, pero de cansancio del día.

Me ha resultado entretenido, habría querido muchos días poder seguir leyendo. Mantiene intriga e interés por ver qué pasará.

Aunque había leído alguna crítica desfavorable, me llamó la atención y me decidí a leerlo en esos momentos donde no apetece pensar mucho. Y ha sido así, me ha entretenido, me ha intrigado, y me ha dejado buen sabor de boca.

Jan Hauger llega a un pueblito sueco para empezar a trabajar en una escuela infantil, la cual está en el recinto de un hospital psiquiátrico, Santa Patricia, al que en el pueblo llaman Santa Psicópata, pues tiene enfermos altamente peligrosos. Se trata de que los enfermos con hijos tengan cerca a los niños y éstos puedan visitarles. La escuela está unida al hospital por un tunel, y por él van los niños acompañados de profesores, a visitar a sus padres.

Hay un hecho en el pasado de Jan no muy bueno, que él intenta ocultar, y que le influirá en el presente. Y también vamos sabiendo el porqué de haber buscado Jan ese trabajo en un pueblo bastante aislado. Realmente busca poder hablar o encontrarse con una interna del hospital.

Se narran también las relaciones que va creando Jan con los demás empleados y empleadas de la escuela, así como con vecinos del pueblo.

El final, al menos a mí, me resultó bastante inesperado, lo que le da más puntos a la novela. Y es bueno, creíble, y no cae en los tópicos.

El ambiente, como es de esperar en una novela cuya acción transcurre en un pueblo aislado de Suecia, es sombrío: gente poco habladora, frío, viento ululando, hospital psiquiátrico, niños que van y vienen por túneles oscuros... y está muy bien conseguido.

El lenguaje es claro y directo, sin palabrería, y consigue atrapar al lector en las diferentes intrigas: el pasado del protagonista, el momento actual, su juventud y aislamiento cuando estudiaba...

Supongo que el autor quiere hacer una disección de cómo la maldad puede estar de arraigada en las personas, y por otro lado la bondad. Qué es lo que se aprende y qué lo que es innato. El aspecto psicológico de los personajes, no sólo del protagonista, sino de las gente con la que interactúa, está muy bien llevado y descrito, lo que hace que uno se identifique más con unos y con otros, o no.

Después de leerla, me he enterado de que el autor tiene un cuarteto famoso que transcurre en Öland, el pueblo donde él se crió. Igual intento hacerme con él y leerlo; no lo conocía y me ha llamado la atención.


miércoles, 15 de agosto de 2012

Relato ganador del I concurso de Los libros de Eva

Aquí os dejo el relato ganador. Cuando los demás relatos me den su permiso, si quieren, claro, enviaré el pdf con todos a quien lo pida, porque creo que merecen ser leídos.

LA CASETA VERDE DE LAS RATAS (Autor: Firefly)

       Cuando cumplí los doce años el colegio comenzó a mostrarme su verdadera cara. De hecho nunca la había escondido, sólo que con menos edad pasaba desapercibida. Ya no era el lugar idílico que creía que era siendo un párvulo. Se acabó amasar y dar forma a plastelina de colores brillantes. Ya nunca jamás pegaría pegatinas con diferentes formas geométricas en un folio en blanco sin importar siquiera si alguna de ellas era desterrada en una esquina de la mesa. Quizá lo único bueno de dejar atrás, hace ya varios años, aquel curso, era perder de vista aquella horrible bata a cuadros con el nombre bordado en el pecho que a todos los alumnos nos obligaban a vestir convirtiéndonos, de esa forma, en integrantes de una extraña sociedad secreta de diminutos seres. Y aún así, una nostalgia me embargaba cuando una de sus mangas asomaba furtivamente del armario cada mañana mientras me vestía con una camiseta a rayas, de esas que tanto me gustaban, y unos pantalones de pana, de esos que tanto odiaba. Pero mi madre, que los compraba de oferta, me obligaba a enfundármelos aunque el sol primaveral comenzara a lanzar miradas cargadas de dulce y esperada calidez.

       Las matemáticas ya no eran dos más dos. Y a medida que percibíamos que era un idioma universal capaz de desvelar los más intrincados misterios del universo también se convertía en una escarpada montaña que escalar. Y para colmo ciencias naturales cambió los pequeños animalillos de granja por el complejo cuerpo humano que,  representado en su totalidad y con todo lujo de detalles, dejaba en evidencia cuan ignorantes éramos de nuestro propio ser. Haciéndonos sonrojar a algunos y reír a otros por la bromitas del gracioso de clase que disimulaba de esa forma su total desconocimiento de las partes íntimas de una mujer o un hombre. Sí, evidentemente todo había evolucionado. Era ley de vida y con doce años intentaba amoldarme en ese mundo que a medida que crecía se me antojaba algo más complicado. Pero no todo estaba perdido, ni mucho menos. De hecho, en ese preciso momento no había nada perdido. Todavía no.

        Con puntualidad británica el sonoro timbre chillaba como un gallo asustado al ser accionado por la temblorosa mano del anciano conserje. Eran las cinco en punto. Y los niños, como un tsunami arrasando una costa cualquiera, se desbordaban de las aulas de forma desordenada mientras los profesores movían la cabeza de un lado para otro e intentaban en vano poner orden. Pero a esa hora los profesores perdían su poder, todo su embrujo se desvanecía y volvíamos a estar libres. Sólo eran unos minutos. Unos preciosos segundos que alargábamos y estirábamos como goma de mascar, destrozando todas las teorías del tiempo, mientras hablábamos, chillábamos o jugábamos con nuestros compañeros en el patio. Hasta que algún familiar o hermano mayor nos tocaba en el hombro y nos hacía regresar a la realidad. Al mundo en el que un minuto son sesenta segundos. A ese universo en el que los mayores mandaban y los niños obedecían. Entonces sólo quedaba volver a casa y reponer fuerzas para afrontar un nuevo día.

        Los viernes (día de la semana que mi madre se demoraba un poco más en venir a recogerme debido a su jornada laboral) esos minutos de libertad yo los aprovechaba para leer. Huía  a hurtadillas de cualquier amigo que necesitara hacer uso de su sociabilidad a costa de mi tiempo y me adentraba en la caseta verde. Más conocida como la caseta verde de las ratas. Una caseta que los alumnos de cursos más avanzados habían convertido en leyenda. Una leyenda que se desmoronaba a mi alrededor mientras al leer creaba una nueva.

       De la caseta verde de las ratas se decía que guardaba un cementerio en su interior y que por eso las ratas entraban y salían, campando a sus anchas y mordisqueando lo restos de los cadáveres. Otros contaban que las ratas se reunían dentro para dialogar y poner de manifiesto un sinfín de ideas, demostrando así ser inteligentes y ocultando esa capacidad de raciocinio a los humanos hasta el momento que decidieran atacarnos. Los más faltos de imaginación, esos muchachos que siempre tenían lo pies en la tierra, simplemente acusaban la aparición de tanto roedor debido a una falta total de salubridad  de esa zona del recinto. Incluso plantearon interponer una queja a la directora. Al final no lo hicieron. Debido sobretodo a que, al igual que los partidarios de las otras versiones,  nunca vieron una sola rata.

       Así que intentando desentrañar un misterio, y casi por casualidad, una tarde en la que el sonido del timbre ya había dado el libre albedrío a todos los escolares, me acerqué a la caseta verde. Se hallaba ubicada en la parte trasera del colegio. A la sombra de un gran árbol del cual nunca me molesté en saber la especie. La caseta tenía una puerta metálica color verde césped y el resto del mismo color pero una tonalidad más oscura. Sería fácil alardear de valentía, pero no existe la valentía sin el miedo. Y yo no tenía miedo pues nunca di crédito a ninguna de aquellas historias sobre roedores. Me acerqué con paso firme y seguro hasta que estuve a pocos pasos de la puerta y entonces pude percibir que ésta se hallaba entreabierta. No soy una persona que se piense mucho las cosas. Si se piensan demasiado se pierden oportunidades. Y aquella era perfecta para husmear den­tro de aquel pequeño edificio misterioso. 

       Apoyé la mano en el pomo y empujé suavemente. El interior estaba a oscuras y a medida que la hoja de la puerta giraba sobre sus goznes el sol fue bañando con su rojiza luz del atardecer la pequeña estancia. Me adentré, y al hacerlo obstruí con mi cuerpo la entrada de luz. Así que casi a ciegas palpé hasta dar con un interruptor. Con un leve zumbido una bombilla vieja y cubierta de polvo se empleó a fondo para realizar su trabajo. Y entonces pude ver con claridad el lugar. Nada de cadáveres ni ratas parlanchinas. Sólo herramientas desgastadas de jardinería. Sólo era eso: la pequeña caseta del jardinero. Pero eso no extinguió mi curiosidad, con lo cual me puse a fisgonear detenidamente todos los rincones y herramientas que allí se encontraban. Al poco rato me aburrí de mirar material de jardinería sucio y lleno de óxido en exceso y de observar montones de ramas secas y quebradizas bajo una tela azul muy deteriorada. Tomé asiento en el suelo y, casi instintivamente extraje un libro de mi mochila y empecé a leer. Aquel lugar era un oasis de tranquilad en medio de un desierto repleto de demencia preadolescente. Y desde aquel día, cada viernes, tenía una cita con aquel lugar en el que el silencio prevalecía por encima del tumulto.

       Invierno, primavera o quizás verano. No lo recuerdo. Han pasado tantísimos años desde entonces. De lo único que estoy seguro es que era viernes. Pues me encontraba enfrascado en la lectura de un libro de aventuras e intrigas de esas que ocurren en alta mar. Temidos piratas, británicos al servicio de la reina tras su caza y un tesoro escondido en una isla remota. La combinación perfecta para que se me fuera el santo al cielo. Cuando quise darme cuenta y al levantar la mirada, topé con la silueta gris y desgarbada de un hombre de mediana edad. Vestía con un mono de un desgastado color verde. Si a eso se le añadía su suciedad, su barba mal cuidada y el cabello ralo que caía sobre sus hombros más que un jardinero parecía un pordiosero. Hasta ese momento nunca me había cruzado con él. La casualidad quiso que ese día se le rompiera el mango del rastrillo y volviera a la caseta a buscar uno nuevo.

—¿Qué haces aquí muchacho? —dijo con voz calmada.
—Leía —contesté levantando el libro que hasta ese momento había permanecido en mi regazo.
—Hum. Un buen libro, sí señor.
—Pero ya me iba señor —dije metiendo el libro en la mochila.
—¡Oh! Espero no haberte molestado — y se acercó renqueando hasta donde me encontraba yo—. Pero debes comprender que este no es lugar para un muchacho.
—Lo sé señor. No volverá a ocurrir —me disculpé.
—No lo digo por mí. A mí no me importa. Pero mira a tu alrededor y podrás ver un sinfín de herramientas peligrosas —dijo el jardinero, señalando con lo que le quedaba del rastrillo las herramientas que pendían a ambos lados de la caseta mientras cerraba la puerta tras de sí.
—Lo sé señor. Las estuve observando.
—Vaya, las has observado —afirmó, y sus ojos empequeñecieron—. Ven, ven aquí. Te presentaré a alguien.
—Debo irme señor. Me he entretenido demasiado y mi madre estará esperándome.
—Comprendo que debe estar preocupada. Pero ven. Es aquí, en el fondo.
—¿Tiene usted una rata? —pregunté con un deje curioso en mi voz.
—Hum, es posible. Ven que te la presento.

       Dejé la mochila en el suelo y dando tres pasos me acerqué hasta donde estaba el jardinero.

       Era guapa, muy guapa. Sus ojos eran claros como las ideas de un genio y su melena espesa y negra como una porción del espacio infinito. Durante un rato estuve embobado observándola. Hasta que sus dulces y azulados ojos me enfocaron y tomó conciencia de mi presencia.

—Hola —dijo mientras con las manos intentaba quitarse las arrugas del vestido.
—No te preocupes, incluso arrugado te sienta bien —dije sorprendiéndome a mí mismo de mi osadía.
El vestido azul, su rostro blanquecino. Era como si toda ella formara parte de una canción infantil. Pura e inocente.
—Lo siento —dijo con semblante triste y apesadumbrado.
—¿Qué?
—Lo del jardinero —habló casi en un susurro que hizo temblar sus rosados labios.

       Y entonces descubrí que el jardinero ya no se encontraba en la caseta, se había desvanecido. Me dirigí a todo correr a la puerta y la abrí. Al salir me enredé con una cinta de plástico que me hizo trastabillar y caer al suelo. 

       Algo había ocurrido. Tenía un presentimiento que escalaba desde el fondo de mi estómago hasta la garganta. Un horrible presentimiento con sabor a bilis. Me sentí desubicado y hasta mareado. Al alzar la vista observé aterrado que el colegio había cambiado. Las paredes del edificio estaban mohosas y repletas de enredaderas que abrazaban con fuerza la rojiza piedra. En el patio ahora crecían malas hierbas que al levantarme me llegaron hasta la cintura. El árbol del que nunca supe la especie ahora era sólo un tocón seco y podrido. Una profunda desorientación se apoderó de mí y mi cabeza empezó a dar vueltas como una peonza lanzada por una mano diestra.

       Al desatar de mi pie un trozo de la cinta de plástico, que breves instantes antes me había hecho caer, y al leer lo que ponía, un fogonazo sacudió mi mente. Un recuerdo terrible laceró la masa gris de mi cerebro. Y unas lágrimas más frías que un adiós exento de amor se deslizaron por mis mejillas. Lloraba y echaba de menos a mi madre. Lloraba por todo lo que debió sufrir, y lo poco que quedaba de mi corazón se hizo cenizas y se lo llevó una cruel tempestad.

       Una mano cálida y suave se posó sobre mi hombro. Al volverme, la bella muchacha del vestido azul me obsequió con una tierna mirada repleta de sincera compasión.

—El óxido rojo de las herramientas, no era tal…—Dije, tragando saliva y limpiándome con la manga las lágrimas que aún manaban—. Las ramas blancas y secas, la tela azul. Tu vestido es azul.

       Ella asintió lentamente y su cara se tiñó de una profunda tristeza.

—La cinta de plástico… —Y le tendí la cinta en la que rezaba policía con letras grandes pero descoloridas.

       La tomó de mis manos y la observó, perdiéndose en sus recuerdos, aferrándose para no naufragar entre los más dolorosos.

—Ya no volveré a ver a mi madre ¿verdad?  —balbuceé intentando no echarme a llorar de nuevo.
—Yo tampoco volví a ver a mis padres. Sólo los presiento. Al igual que ellos a nosotros.
—Todo ha cambiado. Todo es diferente —hablé despacio, casi deletreando las palabras, para que mi mente de muchacho tuviera tiempo de meditar lo que estaba ocurriendo.
—El tiempo ahora se mueve a diferente ritmo. Años, horas, segundos, eso ya no importa.

       Sin previo aviso la muchacha acercó el rostro al mío y deslizó un beso en mi mejilla. Un beso cándido a la vez que cálido que rehizo una pequeña porción de mi corazón.

—Gracias —dijo mientras en su rostro amanecía una sonrisa.
—No lo entiendo.
—Gracias a ti él ya no lo volvió a hacer más. Siento que el precio haya sido tan alto —dijo, ofreciéndome su mano.

       No rehusé el ofrecimiento. De hecho, en aquel momento, necesitaba tener a alguien en quien apoyarme y en quien confiar. 

        Y caminamos durante lo que me parecieron horas, observando como la maleza continuaba creciendo sin control engullendo a cada paso el patio y las paredes del colegio. Y en el cielo, la luna y el sol se turnaron cientos de veces tiñendo el infinito de estrellas o de brillantes haces de luz que de tanto en tanto nos alcanzaban. Y desde entonces seguimos caminando, el uno al lado del otro. Conociéndonos mejor cada día. Sanando nuestros corazones. Adaptándonos a la alocada cinética del paso del tiempo y llegando a pararlo cada vez que nuestros labios se encuentran más allá de lo que llaman vida. 
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